Gijón, la más bella joya de la corona asturiana

Gijón San Lorenzo

Asturias, región estirada a lo ancho del Mar Cantábrico cuya silueta se dibuja a través de innumerables golfos, cabos, playas y calas que batallan contra la marea como la sidra ataca el vaso al ser escanciado desde alturas abismales. Pero la joya de la corona de esta tierra de leyenda es Gijón.

Gijón es un ejemplo perfecto de cómo se combina la historia, cultura y tradición más antigua, con la modernidad más vanguardista, sin dejar de presentar sus máximos respetos a la naturaleza. Desparramada a través de las colinas verdes que bordean la bahía, sus habitantes derrochan un encanto y simpatía que se presiente con el sólo observar el embrujo de sus coquetas casas y callejuelas entre las que se respira el aroma que desprende el olor de la arena y la marea que impregnan el aire de esta región costera.

Gijon Palacio de Revillagigedo

Visitar el Palacio de Revillagigedo, en la Plaza del Marqués, para después bajar de Cimadevilla e ir al puerto, o a recorrer el paseo marítimo, es sólo una de las muchas rutas con las que disfrutar de Gijón. Rutas que invitan al paseo, a ser recorridas una y mil veces, a observar las plazas desde distintas perspectivas, a disfrutar de las torres arropados a su sombra en el mediodía o descubrir nuevas tonalidades al ocaso de la jornada y dejarnos deslumbrar por la belleza de sus edificios con el romanticismo propio de los días de lluvia.

Para los momentos de turismo, nada mejor que disfrutar del Parque de Begoña, con la iglesia de San Lorenzo y el Teatro Jovellanos, el Parque de Isabel La Católica y la Basílica del Sagrado Corazón. El ocio y la emoción las podemos encontrar a flor de piel en el estadio de El Molinón, donde los hinchas del Sporting, de nuevo en Primera División, erizarán el cabello de aquel que decida compartir un rato de pasión en sus gradas. Mientras que para el relax y la calma, nada mejor que las playas de San Lorenzo y Poniente.

Gijón Parque de Isabel La Católica

Las gastronomía de Gijón brilla con luz propia. Su mayor virtud es que la equivocación a la hora de disfrutar de sus manjares es una empresa complicada. Cachopos, pastel de cabracho y fabes embaucarán nuestro paladar y llenarán el estómago. Y es que, sin duda, Asturias no es un lugar en el que el viajero vaya a quedarse con hambre, la comida es aquí casi una tarea religiosa. A la noche, lo obligado es acudir a los bares de la Plaza de Arturo Arias, echar un duro con sus gentes, y acabar de copas en el puerto riendo y trabando amistad con el magnífico carisma de sus habitantes.

Gijón se encuentra rodeada de la naturaleza verde y salvaje que caracteriza a toda la región asturiana, una estampa que convierte sus colinas en todo un espectáculo visual. Pero, sin duda, el lugar más especial de los muchos que se sitúan en los alrededores de la localidad es el mirador que se encuentra entre las colinas de Somió, en el Camino de los Alisos. Desde allí se puede observar la ciudad y el mar componiendo una imagen tan impactante y bella que perdurará en la retina del espectador tanto tiempo como el aliento le dure.

Gijón Fabes

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